Alison contra su cliente (inacabado, hasta febrero '04)

por

Stephen Davies

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Hoy no me voy a pintar. Eso, quizá un trozo de lápiz por las comisuras y un toque de rímel en las pestañas superiores. Sin atenuarme un poco no tendré la más remota posibilidad de captar lo que pasa en su cabeza. Y después de todo me toca a mí enamorarme de él.

Aunque éstos no son los pensamientos que normalmente se atribuyeran a una abogada al despertarse, no obstante representan las primeras cogitaciones del día de Alison Moyes. Se trata en efecto de uno de sus clientes, cuya defensa lleva desde hace ya nueve meses en base al popular principio británico no-win no-fee. Y por el momento actual está convencida a cien por ciento que le ha estado mintiendo Johnny desde su asunción de la carga. Lo hace para comprar tiempo (es decir, el tiempo de los demandantes), hasta que un día llegue el asunto a las puertas del tribunal de condado, en aquel punto cambiará tanto de abogados como de historia, procurando así no pagarle ni a Alison ni a sus asociados. Al fin y al cabo, Johnny lo tiene ya claro que habrá que soltar la pasta, eso sí en forma de acuerdo amistoso reclamando un importe signíficamente inferior al que han ascendido sus deudas. Total, los segundos abogados de Johnny avisarán a los de los querellantes de sus dificultades financieras y personales desgarradoras, con el resultado de que éstos avisen a sus clientes que sea inútil perseguir la verdadera suma; recomendarán que se acepte una oferta derisoria en líquido, con el motivo de que incluso el más disidente juez del distrito se vería impotente ante este mañoso cabrón, a quién no le faltaría más de cinco libras por semana hasta el fin de sus días. Y eso, a condición que el asunto llegue a nivel del tribunal...

Acariciándose bajo la ducha, Alison reflexiona que, por decir la verdad no le molesta nada que no salga pagada. Tan sólo su compañía a Johnny hace que merezca la pena el despertarse, y por eso cuanto más alarga su cliente el proceso legal, más feliz se pone ella. Eso dicho si un día Alison se exteriorizara hasta revelarle sus sentimientos profundos, y esto antes de que se fije algún veredicto o acuerdo, resultaría viable y factible que Johnny presente una demanda contra ella por pérdida de su tiempo, daños y perjuicios, descuido y error profesionales y todo lo que se imagine. Ya meditadas estas posibilidades, Alison concluye que sí, es eso exactamente el tipo de cosa que haría este astuto y adorable sabelotodo. Desde luego, al menos en lo que respecta al presente la única opción acertada para Alison es el diálogo incesante y cada vez más vago entre abogados a fines de comprarse tiempo ella misma, que sea por ella, por Johnny o por Johnny y ella.

El programa de este miércoles de octubre se ve muy ligero, aunque más pesado que de costumbre, puesto que normalmente Alison no trabaja los miércoles. ¡Lo que una mujer no haría para entrampar a su hombre! Alison toma una carpeta gruesa y voluminosa en lo más bajo del montón - el único lugar que no penetra la curiosidad de su secretaria particular entrometida - para echar una nueva mirada a la causa de Johnny. Primero, tiene que segregar los papeles que llevan los detalles que ha apuntado sobre la ley de jurisprudencia respecto al proceso en cuestión, de sus ideas garabateadas sobre cómo arrinconar su tío intrigante.

La cuasi totalidad de las informaciones ha sido suministrada por los abogados de los demandantes, y los particulars of claim ocupan una treintena de páginas pliegas. Aunque la defensa y contra-demanda de Johnny no sobrepasan cinco caras de A4 doble espaciadas, si Vd. es abogado todo esto vale una novela policíaca, e incluso de espionaje; que el camino serpenteante de los argumentos fabulosos y lógicamente retorcidos de Johnny son aún más impresionantes que las cifras imponentes que forman su contra-demanda y Alison no puede reprimir una risita, aunque los ha visto ya muchas veces. Siempre es así, incluso que ella no está para bromas en este peor día de sus reglas...

¡Toc, toc, toc! Johnny llega puntualmente como siempre, para el análisis de regularidad cronométrica de los movimientos laboriosos y la elaboración cada vez más efímera del asunto. Aunque entumecido por el monólogo monótono de Alison, el cerebro de Johnny no tiene nada de inactividad y está periféricamente consciente que hoy hay algo, por alguna parte que de cierta manera ha cambiado. Unas pocas horas más tarde se hallará igualmente en vías de balancear esta noción de cambio por su inconsciente, pero al fin del día Johnny es demasiado hombre para captar que se trata de una cosa tan banal y sin ninguna transcendencia, como el cambio de maquillaje.

A medianoche en punto, Alison se baja de un taxi negro londinense, busca sus llaves a tientas en su bolso, las maneja con torpeza en las dos cerraduras. Adentro, pone el cerrojo, entra en la sala de estar y enciende. Acomodándose en un sillón cubierto de una sábana estampada con las flores de Laura Ashley, se zulla sobre la pulcritud y las emanaciones del pebete, extiende la mano hacia el auricular, que descuelga con torpeza sobre la mesilla de cristal.

<¿Shirley? Escúchame bien: me acabo de examinar los papeles de Smith contra Higgins.>

<¿Y?>

<Y parece que únicamente los de Higgins han ssido passados a máquina.>

Alison ha estado bebiendo.

<Eso es porque la firma de Meredith & Sons tiene una secretaria lameculos que huele a pañales.>

<¿Es esto verdad? En todo caso, es que jamás me he molestado en aprender la taquigrafía ssiendo abogada y no taquimeca, a la diferencia de tí, quien...>

<Vaya, ¡qué coño! Siempre estás chuleando tu salario más alzado que ti misma, y si crees que yo voy a...>

<¡Shirley! Esscucha bien... Te sseñalo que si estáss recobrando tus costumbres huevonas del año pasao, no me quedará más remedio que...>

<¡Cierra el pico, holgazana! Mientras tú has estado desbebiendo tu cava y esnifando tus linas en el baño de algún prostíbulo advenedizo de Soho, yo he estado trabajando como una negra sobre tus casos para mañana y aprendiendo involuntariamente el arte del somnambulismo entre el sofá y la cafetera.>

<¡Si crees verdaderamente estas gilipolleces, estás aún más tarada de lo que yo pensaba! Si eso te interesa pasé la primera parte de esta tarde vomitando las tripas en el wáter de una pocilga del East End, rodeada de piojos pegadizos y grifos desamparados chorreando sus chismes de mierda a dos dedos de mi tímpano...>

<Vale ya. No necesitas hacerme un cuadro de la segunda parte.>

<¡Escucha, coño! Faltan dos horas que ya no te podré hablar por tener la pinga de Julian en la garganta.>

<No me interesa ni tu vida caída ni el chorizo de tu patético marido. Tienes la cabeza llena de pájaros, tía. Adiós, Alison. Hasta mañana.>

<¡Maldita pendeja!>

<¡Chupa vergas!>

En un campo de aviación privado por alguna parte en Colombia, los papagayos y tucanes de Johnny están a punto de ser cargardos, atendiendo la llegada del próximo vuelo con destinación de Inglaterra. No es qu Johnny es altruista; tampoco se interesa en la protección ornitológica sudamericana. Lo que pasa es que esos pájaros no están aún amenazados, siendo imitaciones de artificio hechas a mano en balsa. Incluso el Trading Standards de Inglaterra se mostraría perplejo ante esos bellos artefactos intachables pintados a mano de extracción ecuadorana... ...a no ser que se examinara el contenido de la barriga: cada loro contiene 25-50 gramas de cocaine grado premio, envuelto en papel de aluminio tratado anti-rayos X y pulverizado con una sustancia inodora, la cual se vende en la mayoría de los pueblos colombianos y que se utiliza para que los perros antidroga del aeropuerto de Londres pierdan la pista.

A lo menos, 5Ks de Charlie empaquetados en 150 ornamentos tallados, devolviendo un rendimiento a eso de treinta mil libras esterlinas.

No le llaman Johnny Whizz para nada.

<¿Alison Moyes?>

Alison asiente con la cabeza.

<Doctor Suarez, sala 4.>

Si Vd. hubiera visto a Alison tomando la parte acusadora en un tribunal, no la reconocería en su presente posición de cliente, en el consultorio del Doctor Suarez. Para Alison, sus visitas al médico constituyen una experiencia romántica; le gusta mucho ofrecer sus miembros relajados y delicados al Doctor Suarez desenfrenadamente, abandonándose a ciegas y fiándose en una ética profesional que no existe en su propia profesión, aún en la capacidad de cliente. De hecho, ir a verle a su médico es aveces la única manera de descargar su frustración, síntoma de una represión constante y hasta la dejadez lasciva de su naturaleza romántica. Poder con una doble personalidad (Alison es también una mujer de carrera implacable) no es fácil, e inevitablemente da lugar al humor cambiadizo, lo que es preciso manejar si una espera quedar sana. Es eso el propósito de esta visita: Alison quiere descolgar una receta llevando la cura de su depresión maníaca.

Hasta aquí no ha sido diagnosticada como depresiva, pero esto tiene poca importancia. Para tener la carta blanca medical en Gran Bretaña, es suficiente conocer los síntomas de una condición y entonces dar señales según la forma y el orden que se atienda. Paralelamente se suele proceder de la misma manera para disculparle a un acusado culpable por excusa de estrés, responsabilidad disminuida o trastorno nervioso intratable (éste es normalmente lo más fácil que probar, sin embargo incluso es el argumento más pobre de los tres).

Alison procura sus medicamentos sin exámenes psicológicos y psiquiátricos, no obstante se siente frágil (enferma de amor) y decide ofrecerle al Doctor Suarez sus pechos antes de salir.

<¿Cuántos bultos ha dicho?> le pregunta el Doctor, como si se trataba de terrones de azúcar al inclinar la tetera, y sin hacer caso a lo que está haciendo estragos en su calzoncillo.

<Dos o tres, en las aureolas de mis pezones.>

            El Doctor Suarez no es tonto. Sabe muy bien que Alison le está mintiendo, y que sólo quiere que se acaricie sus tetas. Y si el Doctor Suarez es tan humano que Vd. y yo, ¡diez libras dicen que tiene una erección! (¡Vaya hombre, si me cree equivocado, pruébalo!)

Eso sí que fue bueno. Tan bueno que Alison considera mencionar las hemorroides mientras está en la vecindad, pero eso no; sería demasiado patente.

<Gracias, Doctor.>

<Gracias, Alison.>

Seis semanas más tarde, el 22 de noviembre.

Los demandantes se van poniendo tan aburridos con las llamadas sin cesar de Alison, la contra-demanda absurda de su cliente y las cartas rastreras en defensa de éste, que han abrigado la idea de darse por vencidos. Sin embargo Johnny ya no está limpio. Pues, de hecho ¡apenas si la madre de sus problemas está de parto! Acaba de desplazar cinco kilos de coca, por lo que se halla más rico de diez mil libras. Eso very nice. La pega es que las drogas fueron laid on (a crédito, por así decirlo) y todavía no ha escupido las dos mil que debe a sus proveedores. Previamente y en parecida circunstancia, este pequeño detalle ha pasado por alto durante algunas semanas, pero esta vez desconocido a Johnny, algunos de sus 'amigos' están de visita en Inglaterra y éstos acaban de expediarle sus representantes, mejor tres matones llevando corbatas. Not very nice. Y para colmo, a la hora de su llegada, Johnny acabará de permitirse el lujo de un nuevo juego de ruedas.

* * *

            Shirley aprieta el botón del dictáfono con cuidado, por no hacer correrse su esmalte de uñas.

<El Señor Wilson acaba de llegar. ¿Lo dejo entrar?>

            Sobre la respuesta afirmativa de su jefe, levanta el dedo de la tecla con el mismo cuidado, dice a su suministrador y amante a tiempo parcial,

<Date prisa con la verde, chico y ¡si terminas otra vez por echarle los perros a la mamona, quédate seguro que lo veré en sus ojos a tu salida!>

            Ronroneo del dictáfono.

<¡Paciencia, solpapollas!>

            Ronroneo.

<¡Besa mi culo, arreglauñas!>

<¡Johnny! Siéntese. ¿Quisiera un café?>

            El café que toman juntos pero a cierta distancia di sí mismos se está poniendo un ritual, del cual Johnny está hasta la coronilla.

<No se lo refusaría, Alison> descuelga con indirecta.

            Por un momentito, la insinuación le deja parada. Entonces:

<Como Vd. bien lo sabe, Johnny, normalmente es cosa de sin noticias, buenas noticias. Pues esta vez sí hay noticias y cosa extraña, ¡sí son buenas! Es que lo paradójico que eso pueda parecer, el otro lado está hasta las narices de nosotros y hace ruidos señalando que últimamente no es inimaginable se plante el proceso.>

<¡No puede permitir eso! No olvide que yo también tengo una contra-demanda...>

<Lo siento, Johnny; no veo precisamente a dónde quiere ir a parar. (Alison hace los cafés.) Al menos sobre el papel, Vd. debe mucho más de lo que parece tener debido. No estoy sugeriendo que no es mucho lo que ellos le deben a Vd., pero finalmente, incluso armados de nuestra defensa irrefutable y (coqueta) de mi carisma hechizante en la sala de tribunal, no cabe duda de que es Vd. que soltará la plata.>

A base de no-win no-fee, hubiera sido igual que dijera Es a tí que quiero. No me interesa tu plata. Pero Johnny está desesperado y no puede pensar con claridad.

<Vaya tía, ¿Estamos todavía al lado?>

            Se arrepiente de estas palabras casi antes de terminar su frase; semejante abuso de confianza, que sea en el mundo comercial o profesional, siempre lleva a la ruina.

            Alison tiene el semblante muy dolido. Tragándose su ira Alison descuelga después de un rato acecuadamente embarazado, a través un monótono bajo y deliberado y con el brazo derecho extendido:

<Creo que la hora de nuestra separación ya ha llegado, Johnny.>

            Dándose con un canto en las narices, Johnny desvalija por su cabeza en búsqueda de una genialidad.

<Lo siento. Lamento mucho lo que acabo de decirle. Perdóneme, Alison, me salió eso sin pensar. Entienda que estoy confuso... ...bueno, digamos comprometido... ...es que tengo otras deudas también, las cuales no puedo balancear. La semana pasada recibí una visita imprevista y, bueno mis acreedores parecen bastante serios.

            Lo que pensaba fue que, respecto a este caso, pudiéramos ofrecer una suma global en acuerdo amistoso, cubriendo los gastos legales por su lado, special damages y todo el resto; al principio regatearíamos el pago de sus abogados. A los pocos días se estaría peleando con su propio lado por un trozo de la tarta. Luego podríamos ofrecer a los querellantes la cifra que haya regateado sus propios abogados, discutir sobre la factura extendida respecto al pago de éstos, pero eso no sin consentir en pagar un importe fijado y autorizado por el tribunal. Podrás decirles que ya podemos pagar, a condición que sea bajo Tomlin Order. Así no habrá CCJs ni tampoco habrá intercambio de maldiciones en el caso que no hallemos la plata, y eso incluso después del máximo 28 días. Según he presupuesto llevarán al menos doce meses antes que su importe legal sea aprobado y a ese punto estaremos los dos fuera del país...

TUTEAR

<¿Vd. ha bien dicho 'Estaremos'?> Alison parece asustada. Su corazón está palpitando.

<Si Vd. puede volverles las tornas, convirtiendo mi contra-demanda en sencilla demanda, y si la puede precipitar de manera que el vencimiento del pago preceda aquél del primer plazo que debo soltar yo, ¡nos quedará treinta y siete mil! ...O algo por el estilo.>

            Johnny se acuerda a regañadientes de sus 'amigos' sudamericanos. Alison se pone indignada.

<¿Está Vd. proponiendo que yo... ...que nosotros...?>

<Te estoy haciendo una propuesta de matrimonio.>

Johnny Whizz está trabajando tan rápida e intuitivamente que apenas puede creerlo él mismo.

Tomándose su café de un trago, Alison vuelca aquél de Johnny en un súbito arrebato de pasión irresistible sin precedente. Esta vez eso ya es el colmo: le abraza a Johnny como ya lo ha hecho muchas veces en la intimidad de sus sueños. Igualmente sorprendido ante el sesgo tomado por el destino, Johnny se concentra en guardar el equilibrio.

Alison tira la cadena del wáter, mira con delicia la desaparición de sus píldoras de felicidad y se pone a meditar sobre cómo esquivar los ojos celos de su secretaria, que sospecha de algo que no sabría perfilar, delimitado más o menos a través el comportamiento ridículamente irrespetuoso de ésta. Sin embargo la idea de que Shirley pudiera estar ya pisándole a Johnny no se le ha ocurrido. Johnny ha salido y acaba de pegarle a Alison un besito en la mejilla, la cual todavía le quema deliciosamente. Dentro de cinco minutos, se hallará reinstalada detrás de su bufete, cara a cara con la mitotera Señora Watkins, una miserable chancha comelona que no hace nada sino quejarse de sus vecinos, los cuales según cabe suponer le están espiando desde hace todo un año.

Mrs Watkins está a punto de reventar al otro lado del escritorio, lo que no le impide hincar sus muelas golosas en una enorme barra de chocolate.

<..Nuestra vecindad está toda invadida de casas de citas, putongas callejeras, sus alcahuetes y amaricados confundidos cuyas pelotillas son grotescamente aplastadas, envueltas en plástico y encogidas por ser pegadas en la ingle con cinta adhesiva, y (chupa y mastica su barra enorme) con toda esta acción ¡soy yo que estoy bajo vigilancia!>

            Reprimiendo una risilla tonta, Alison sopesa que su cliente sacaría provecho de zamparse su catalejo para unir fuerzas con las putongas callejeras, por nada más que el ejercicio.

<Mrs Watkins, si todo esto le molesta tanto, la tentación de preguntarse cómo se le ocurrió instalarse en un barrio rojo es considerable; además según ya ha dicho es Vd. una persona muy casera; ha afirmado que no hay nadie que le siga los pasos en la calle. Si hubiera tratado de un stalking sí que podríamos hacer algo, pero echar un vistazo a través el cristal de su cocina a Vd. - aunque eso pueda resultarle fastidioso - está todavía por encima de la ley de nuestro país. Y, bueno, a mi ver dar un ocasional paseo contribuiría en gran medida a tranquilizarle. A propósito, al momento que sus vecinos le espían ¿qué exactamente estás haciendo?>

<¡Joder, es Vd. peor que mis vecinos!>

            Mrs Watkins se levanta bruscamente, cojea en dirección de la puerta.

<¡Atienda y escuche; ya no he terminado. Además hay la cuestión de los honorarios.>

<¡Ni de coña, entrometida puta!>